En un pueblo pequeño ubicado entre las montañas, un día de frió intenso entre el humo que emanaba la hoguera donde se cocinaba con leña mi madre fue atendida por una partera para poder ayudarme a nacer. Me cuenta mi madre que mi padre se puso muy feliz porque había nacido un varón ya que solo tenia dos hijas y sus palabras fueron "NACIÓ EL HOMBRE DE LA CASA" el sera igual que yo labrara la tierra y cultivara los alimentos. A mis cinco años me inscribieron en la escuela para estudiar pre-escolar recuerdo que el primer día de clase mi mama me llevo y la profesora me recibió pero cuando vi que mi madre estaba saliendo de la escuela me puse a llorar y la profesora me abrazo y me dijo que no llorara porque mi mama no me iba abandonar que regresaría después a buscarme. Me adapte a la escuela y cada vez que llegaba a casa siempre percibía un olor agradable me dirija a la cocina que era de donde salia el olor no sabia que era por eso le preguntaba a mama que era ese olor y ella me respondía que eran unas tortas pero que no me podía dar porque era un encargo yo me quedaba siempre con la duda hasta que un día a la edad de 10 años me atreví a leer una de las recetas de mama y como ella no estaba me puse hacerla recuerdo que era de chocolate porque ese era el olor que desde pequeño me intrigaba y como nunca la había probado deseaba hacerlo. Cuando mi papa llego y percibió el olor me pregunto que quien había hecho el pastel por que en la casa no había mas nadie solo yo, ya que mis hermanas se habían casado y se fueron de la casa y mi mama estaba llevando unos pasteles que le habían encargado yo le respondí que había sido yo. Mi padre me regaño me dijo que había gastado los ingredientes de mi mama ademas que yo era un hombre y que el hacer pasteles es de mujeres si yo quería ser el hombre de la casa que yo debía labrar la tierra y sembrar que eso si es un trabajo para hombre en ese momento llego mi mama y le pregunto a papa porque me estaba regañando y el le contó. Mi madre probo el pastel y lo único que dijo talvez tenga futuro como pastelero y mi padre dijo eso jamas por que el es el HOMBRE.
Desde ese momento seguí ayudando a mi mama hacer pasteles cada día ya que le hacían muchos encargos y mi padre siempre quejándose porque yo decía que quería ser un pastelero profesional. A los 18 años me fui a la ciudad a estudiar en la universidad pero el día que me dirijia hacer la inscripción en el camino una persona me entrego un papel donde decía que dictaban curso de cheff no sabia que era eso y le pregunte a la persona que me entrego el papel quien me dijo que eso era para aprender hacer buenas comidas le pregunte que si allí daban clase para hacer pasteles el me dijo que no. Me quede con la intriga y fui al lugar que decía el papel y me ofrecí para enseñar hacer pasteles pero me rechazaron porque no tenia un certificado que me acreditara como pastelero. Yo necesitaba trabajo porque mi padre y mi madre ya tenían avanzada edad y no podían trabajar y en el pueblo yo no podía vender pasteles porque decían que yo no sabia hacerlo y que no eran igual a los de mi mama, entonces decidí hacer pasteles para vender en la calle pero nadie me compraba hasta que un día se acerca un policía y me dice que no podía vender pasteles en la calle porque eso es antihigienico ademas que tenia que entregarles los pasteles porque no esta permitido las ventas ambulantes de cualquier tipo y que tenia que decomisarlo por las leyes sanitarias yo le dije que no podía llevarse lo único que tenia para ayudar a mi familia económicamente el me dijo que sino se los daba me iba a meter preso y por casualidad en ese momento llego una señora que era vecina en el pueblo en que vivía y conocía al policía y me dijo aquí esta el hombre que ayudaba a su mama hacer pasteles que por cierto ella lo hacia muy sabrosos. Ella le pregunto al policía ya los probo? el contesto no y ella le dijo pero señor feliu si son divinos no puedes dejar de probarlos el respondió estoy de servicio y el esta cometiendo una falta aquí no se puede vender comida en la calle, ella le dijo la mama de este hombre hace esos pasteles con sacrificio y son muy buenos aunque tengo tiempo que no los pruebo pero estoy segura que ella lo manda a vender y me pregunto que si era cierto yo le dije que si !mi mama lo hace y yo los traigo a vender¡ entonces el policía me dijo que me fuera pero antes tenia que regalarle un trozo de pastel yo se lo di y me fui. como ya no podía vender en la calle comencé a ofrecerlos en las panaderías pero me decían que allí había pasteleros hasta que un día llegue a una pastelería y lo ofrecí el dueño me dijo que le diera una prueba y le gusto tanto que me contrato cuando tenia 7 años trabajando con el me envió hacer un curso de especialización en pastelería convirtiéndome en un profesional y como el dueño de la pastelería donde comencé a trabajar ya estaba enfermo me dejo a cargo de la pastelería y reuní el dinero suficiente para comprarla.Un día llega el policía que me había corrido de la calle pero el no me reconoció llego a comprar un pastel para su cumpleaños desde ese momento comenzó a comprarme pasteles cada año, pero como yo realizaba reparto a domicilio el me seguía casi todos los días dejo de comprarme pasteles para cada año a la misma fecha sacarme de mi obrador y llevarme a su trabajo para decirme siempre lo mismo.
POLICÍA.- Se ha metido en un buen lío, amigo.
HOMBRE.- ¿Por qué dice usted eso?
POLICÍA.- Porque le hemos trincado con las manos en la masa.
HOMBRE.- ¿Y cómo quiere pillarme? Si soy pastelero.
POLICÍA.- Sí. Pero le hemos pillado con el pastel. ¡No lo niegue!
HOMBRE.- No se lo niego. Era un encargo.
POLICÍA.- ¡Ajá! O sea, que era consciente de lo que estaba haciendo.
HOMBRE.- Por supuesto. Soy un profesional. Llevo quince años ejerciendo.
POLICÍA.- ¿Nunca ha estado entre rejas?
HOMBRE.- Porque soy pastelero.
POLICÍA.- Sí. Eso me ha quedado claro. ¿Y qué hace usted en sus ratos libres?
HOMBRE.- Hago figuras con los tapones de las botellas.
POLICÍA.- ¡No me cambie de tema! ¿Sabe por qué está aquí?
HOMBRE.- ¿Por qué?
POLICÍA.- Eso me lo tiene que responder usted a mí.
HOMBRE.- Me lo tendrá que decir usted, que es quien me ha traído.
POLICÍA.- ¿Quién le hizo el encargo?
HOMBRE.- No puedo revelar mis fuentes.
POLICÍA.- ¿De qué fuentes me habla? Aquí el que tiene fuentes soy yo.
HOMBRE.- Yo tengo una de chocolate. Es tipo fondue. ¿Las suyas cómo son?
POLICÍA.- Son de carne y hueso. Y son las que me han llevado a usted. ¡Y no me cabree!
HOMBRE.- Tranquilícese. Si quiere vuelvo más tarde. (Hace ademán de levantarse.)
POLICÍA.- ¡Siéntese! De aquí no se va hasta que yo descubra quién le manda.
HOMBRE.- No me ha mandado nadie. Me ha traído usted. ¿Recuerda?
POLICÍA.- Bien… Podemos hacer esto eterno, o podemos terminar rápido. Usted decide.
HOMBRE.- Prefiero rápido. Tengo muchos encargos aún.
POLICÍA.- Y me lo dice en la cara. Se le va a caer el pelo.
HOMBRE.- Eso dice mi peluquero. Debe ser del estrés.
POLICÍA.- ¡Debe ser de las leches que le voy a dar!
HOMBRE.- Me vendrían muy bien. Entre los huevos y la leche, a la hora de hacer pasteles se me va un pico.
POLICÍA.- Dígame, ¿quién es el que le pide los encargos?
HOMBRE.- Mis clientes.
POLICÍA.- Así que son varios, ¿eh?
HOMBRE.- Cuantos más, mejor. Está la cosa como para desechar clientes.
POLICÍA.- Es usted un sicario.
HOMBRE.- No sé lo que es eso.
POLICÍA.- No disimule conmigo. Que yo sé por qué le he traído.
HOMBRE.- Menos mal. Pues dígame, ¿por qué?
POLICÍA.- No, no, no. ¿Usted piensa que soy tonto? Es usted quien me tiene que decir por qué está aquí.
HOMBRE.- Es que no lo sé. ¿Por hacer pasteles?
POLICÍA.- Por hacer pasteles no traemos a nadie.
HOMBRE.- ¿Entonces?
POLICÍA.- Apúnteme aquí la dirección y los nombres de sus clientes.
HOMBRE.- No los recuerdo a todos. A algunos los veo una vez al año.
POLICÍA.- ¡Escriba algo, coño!
HOMBRE.- Está bien… (Coge el bolígrafo y comienza a escribir. Cuando termina se lo entrega al policía.)
POLICÍA.- (Observando el papel.) ¿Qué es esto?
HOMBRE.- Una receta de un pastel de chocolate. A sus hijos les encantará.
POLICÍA.- (Arrugando y tirando el papel. Desesperado.) ¡Cómo sabe que tengo hijos! ¡Quién es usted! ¡Qué sabe de mí!
HOMBRE.- No puedo decírselo. Ya se lo he dicho.
POLICÍA.- ¡No me ha dicho nada! ¡Hábleme! ¿Quién le encarga los pasteles?
HOMBRE.- Es secreto profesional. Lo siento.
POLICÍA.- (Arrodillándose. Suplicando.) ¿Por qué no me lo dice? ¿Qué le cuesta?
HOMBRE.- No insista, señor Feliú. Todos los años por estas fechas me hace usted lo mismo. Me saca de mi obrador y me trae a su trabajo.
POLICÍA.- (Suplicando.) Por favor…
HOMBRE.- (Levantándose.) No le voy a decir nada de sabores. Lo único que puedo decirle es que le gustará la tarta, y que su fiesta de cumpleaños será un éxito. (Hace mutis.)
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